De "Panegíricos y cantos de amistad"

De “Panegíricos y cantos de amistad”

Versiones del Vasco: Xabier Kintana

38. Mi corazón os acompaña, nobles señores

que me arrastráis con las cuerdas del amor. Los poemas de Yĕhudah, león de la Torah son rimas prendidas de las alas de los querubines. ¿Podrán sus poesías contener sus palabras? ¿no están escritas por el dedo de Dios? De ellas brotan lluvias que dan vida a las almas chispas que atormentan los corazones. ¡Ojalá yo pudiera, sobre alas de águilas, alejar la ausencia a los que están lejos y cerca! ¿Cómo no van a estar lejos si habitan entre las nubes? ¿Cómo no van a estar cerca si moran en las entrañas?

39. Al pasar yo junto a Granada palpitando…

salieron a verme amigos y parientes; llamé Mahanayim al lugar del encuentro, como al coincidir con Jacob los ángeles de Dios. Si hubiera divisado a Rab Yĕhudah, además de Mahanayim le habría llamado Pĕnu’el.

46. Cómo he de hallar reposo tras tu partida…

Al irte tú, mi corazón se fue contigo. Si no esperaran los corazones que tú volvieras, la muerte nos habría llegado al separarnos. Mira, los montes de Beter dan testimonio de que la lluvia del cielo es tan avara como generosas mis lágrimas. Candela de Poniente, ¡vuelve a tu Occidente!, ¡sirve de sello para los corazones y los brazos! ¡Lengua escogida! ¿Qué tienes en común con tartamudos? ¿Qué hace el rocío del Hermón en el Gilboa’?

49. Muestra tu amada faz a tus amigos…

ahora que les ha dado la espalda el rostro del día. No dejes de venir, y mira un sol que brilla y otro que se oculta. Por ti ruge el cachorro de león, pero ¿,puede el león rugir en la selva si no tiene presa? Corre a la jarra que es caliente como el estío en el corazón y fría en las manos como el invierno.