Versiones del Vasco: Xabier Kintana
cuando hacia mi amado sopla con el calor del día; sólo pido que recuerde el día de su partida, cuando hicimos un pacto de amor junto al manzano.
cruelmente me esclavizaste en tu prisión. Desde que la ausencia se interpuso entre nosotros no he encontrado figura comprable a tu belleza. Saboreo una roja manzana cuyo aroma es como la fragancia de tu rostro y tu atavío; tiene la misma forma de tus pechos y el color de ese rubí que asoma a tus mejillas.
el sol de sus mejillas y el velo de su pelo, rojizo cual rubí, cubriendo, sobre sien de húmedo bedelio, su bella imagen, se parecía al sol, que cuando despunta enrojece las nubes del alba con su brillante llama.
de mis lágrimas y los tiende al sol de su esplendor, No precisa agua de manantiales, pues tiene mis ojos, ni sol, con la belleza de su figura.
al amado cuyo pecho rebosa de dolor por ti? ¿No sabes que el Destino no concede a tu amante más que escuchar el son de tus saludos? Si la separación es más fuerte que nosotros, detente un poco, que pueda ver tu rostro. No sé si entre mis costillas quedó preso mi corazón, o si partió tras de tus pasos. ¡En nombre del amor! Recuerda los días que me amabas como recuerdo yo las noches en que te deseaba. Lo mismo que cruza tu imagen por mi sueño, desearía pasar yo por los tuyos. Hay entre nosotros un mar de lágrimas con rugientes olas y no puedo llegar hasta ti, mas si tus pasos se acercaran a cruzarlo, se henderían las aguas a las plantas de tus pies. Si después de mi muerte llegara a mis oídos el tañir de campanillas doradas del borde de tu manto, o preguntaras cómo le va a tu amigo, desde el sĕ ’0l me interesaría por tu amor y bienestar. Ahí tienes dos testigos de que vertiste la sangre de mi corazón: tus mejillas y tus labios; ¿cómo vas a negarlo, si dan ellos testimonio de mi sangre y de que tus manos la vertieron? ¿Por qué deseas mi muerte? ¡lo que yo quiero son años que sumar a los de tu vida! Aunque robes mi sueño por las noches al amarte, ¿no daría yo el sopor de mis ojos a tus párpados? Tu fuego lame las gotas de las lágrimas, y hasta corazones de piedra desgastarían tus sollozos; yo he caído en el fuego de tu amor y las aguas de mi llanto, ¡ay de mi corazón por mis lágrimas y tus brasas! Amargura y dulzor cercan mi corazón: la ponzoña de la ausencia y la miel de tus besos; una vez que tus palabras como láminas lo aplanaran, tus manos lo cortaron en tiras. Veo imagen de rubí sobre zafiros al contemplar tus labios y tus dientes. El sol está en tu rostro, y a modo de noche despliegas sobre su fulgor la espesura de tus rizos. Seda bordada es el vestido de tu cuerpo, pero la gracia y la hermosura recubren tus ojos; las joyas de las doncellas son obra de artesano, mas esplendor y encanto son tus adornos. El sol y la luna, la Osa y las Pléyades quisieran asemejarse a tus hermanos y hermanas; jóvenes y doncellas desean, siendo libres, convertirse en siervos y esclavas tuyos. De la fortuna del Destino sólo reclamaré mi parte el hilo de tus labios, el ceñidor de tu cintura; mi panal y mi miel están entre tus labios, mi nardo y mi mirra entre tus dos pechos. Te he puesto en mi mano derecha como un anillo;¡ojalá fuera yo un sello sobre tus brazos! Olvidaría mi diestra y mi siniestra, cierva, si descuidara el amor de tus esponsales. La ausencia amarga mi corazón al recordar el panal de miel de tus besos en mis labios. Mi espíritu por tu perfume de mirra virgen yo daría; ¡quizás podría besar tu rostro a cambio de mi alma! A las mujeres se honra con alabanzas, mas a ti deben su gloria tus mismas loas. En el campo de las amadas, las gavillas del amor se postran ante las tuyas. ¡Ojalá pudiera yo vivir para recoger aromas y mirra de entre tus pasos! No oigo tu voz, pero escucho en mi desgarrado corazón el ruido de tus pisadas. Cuando cuentes a los vivientes víctimas de tu amor, el día que resuciten tus muertos, incluye a mi alma para devolverla al cuerpo, pues cuando te fuiste, al partir tú salió en pos de ti. Pregunta cómo le va a tu amado, cierva agraciada, si es el Destino el que hace tus preguntas. ¡Vuelve, y que nuestra Roca te haga regresar al lugar de tus deseos ya la tierra de la que procedes!
ojos como flechas aguzadas, bellas mejillas cual rosas encarnadas, rostro sembrado de jardines del Edén, moldeado sobre gentil tallo de bedelio, en tálamo fiel criado, bien guardado; así son los males de su amor en el corazón del amante, enfermedad sin cura; con fuego de pasión le sacia de amarguras, le escancia al ausentarse veneno de serpiente. Te conjuro, ¡príncipe de la belleza! ¡mi preciosa gacela!: aleja los pesares esta noche mía, con tu compañía reúne un tropel de delicias para el pobre corazón doliente.
trátame con cuidado y caeré sobre mi rostro. Sólo mis ojos se han extraviado por tu causa, mi corazón es puro, aunque no mis ojos. Deja que los ojos recojan en tu semblante rosas y lirios que juntos se sembraron. Fuego tomaré de tus mejillas para apagar llama con llama; cuando esté sediento, allí encontraré agua. Chuparé tus labios rojos, ardientes como brasas, y mis mandíbulas serán como tenazas. Suspendida está mi vida de dos hilos de púrpura escarlata, de los atardeceres mi muerte. Hileras de mirra virgen recaman bordado de gala como las tardes alrededor del mediodía.
a ese hombre que siente mis propios males como suyos. ¿Sabe cuando revolotea si va volando sobre las aguas del Éufrates o sobre sus mejillas? Le digo: “¿Has venido a enjugar mis penas?” y responde: “Mas bien a renovar sus jirones, pues se alarga la separación de tu amigo, y es muy fuerte su ausencia, igual que sus leones”. Le respondo: “Mas está lejos y cerca, ¡mi vida toda depende de su vida! Que viva y tenga paz en donde more, y según su corazón se realicen sus deseos”.
son arcilla como las vasijas de barro, mas al llenarlas de vino se hacen leves lo mismo que los cuerpos con las almas.
y por tu mosto que apuran mis labios. Llamo “hermano mío” al jarro que enviaste y de su boca gusto el mejor de mis regalos. Hasta mis propios amigos me creen ebrio; por eso me preguntan: ¿cuánto tiempo? Les respondo: ¿cómo tener ante mí bálsamo de Galaad y no beberlo para curar mis males? ¿Cómo desdeñar un jarro todavía si mis años no llegan aún a veinticuatro?