De "Poemas sinanogales"

De “Poemas sinanogales”

Versiones del Vasco: Xabier Kintana

82. Diestra de Dios, ¡Realmente fuiste…

una ayuda para mí! ¿cómo me has dejado en este día sola en el pozo de las desdichas? De tanto sufrir desgracias se ha secado mi frescor. Pide cuentas de mi afrenta, ¡no vuelva yo a llamar “señor” a mi siervo! Álzate en mi favor como antaño, cuando entre aullidos caminaba por el desierto. ¡Redime a tu cautivo de la morada de servidumbre! ¡Libéralo!

83. Pase sobre mí tu favor…

del mismo modo que pasó tu ira. ¿Acaso para siempre mi delito se interpondrá entre Tú y yo? ¿Hasta cuando te buscaré junto a mí y no estarás? ¡Oh Tú, que moras entre las alas de querubines desplegadas sobre tu Arca! Siervo me hiciste de extraños, siendo cepa de tu diestra; Salvador mío ¡salva a mi pueblo! ¡sube y muéstrate desde tu morada!

86. Amigo mío, has olvidado cuando yacías entre mis pechos…

¿Por qué me vendiste por entero a mis opresores? ¿No te seguí yo en otro tiempo por tierras no sembradas? Se’ ir, el monte Paran, el Sinaí y el Sin son mis testigos. Para Ti eran mis amores, y Tú me dabas tu favor. ¿Cómo repartes ahora mi gloria entre otros? Me veo rechazada a Se’ir , perseguida hasta Qedar, probada en el crisol de Grecia, vejada por el yugo de Media. ¿Hay redentor fuera de Ti? ¿Cautivo esperanzado que no sea yo? ¡Dame tu fuerza, pues a Ti te he de dar yo mis amores!

87. Tú que duermes con corazón en vela, ardiente y triste

¡Sal, despierta y camina a la luz de mi rostro! ¿Levanta, cabalga venturoso!, ¿surgió para ti una estrella! El que yacía en el pozo ascendió a la cima del Sinaí. Que no se regocijen quienes dicen “asolada está Sión”, pues allí está mi corazón, allí mis ojos. Ya me revele o me oculte, me irrite o me aplaque, ¿quién se apiadará más que yo de mis hijos?