Puedes ver la brisa de la mañana Soplando en los pelos De la oruga.
Con la brisa de la tarde, El agua lame Las patas de la garza real.
Un repentino chaparrón de verano; Los gorriones de la aldea Se agarran a las hierbas.
Qué felicidad, Cruzar este río en verano, Las sandalias en la mano!
Las chispas del cantero Se alejan flotando En el agua clara.
La corta noche; En el bajío permanece La luna creciente.
El cambio de ropa; Lo que parecía un mundo de dolor y aflicción Qué pronto olvidado.
Los ermitaños son seres humanos; El kankodori Es un pájaro.
Lleno de esperanza y promesa. El castillo en la cima, Cubierto de verdes hojas.
¡Corta la avena que hay delante de la ventana! ¡Déjame ver Las montañas lejanas!
Ciruelas verdes; Las cejas de la belleza Se juntan.
Las voces de la gente de la aldea Regando los campos; La luna de verano.
Después de cortar la peonía, Me sentí exhausto, Aquella noche.