Los bosques ardían- y ellos en sus cuellos enredaban los brazos como ramos de rosas
la gente corría a los refugios él decía que su esposa tenía cabellos en los que uno podía esconderse
cubiertos con una sola manta musitaban impúdicas palabras la letanía de los amantes
Si la cosa se ponía fea saltaban en los ojos del otro y los cerraban con fuerza
con tanta fuerza que no sintieron el fuego que alcanzaba sus pestañas
hasta el final fueron audaces hasta el final fueron fieles hasta el final fueron parecidos como dos gotas detenidas al borde de la cara (1956)
De “Informe sobre la ciudad sitiada”. Traducción de Xaverio Ballester Madrid, Ediciones Hiperión, 1993. 2.ª edición, 2008