No puedo recordar su rostro estaba de pie frente a mí en lo alto al final de sus largas piernas separadas veía su cadenita de oro su gris levita y su flaco cuello al que estaba prendida una inerte corbata
fue el primero que nos enseñó el anca de una rana muerta que pinchada con un alfiler violentamente se contrae
él nos introdujo a través de un microscopio dorado en la vida íntima de nuestro bisabuelo el paramecio
trajo un oscuro grano y dijo: cornezuelo
instigado por él en el décimo año de mi vida fui padre cuando tras una tensa espera
de una castaña sumergida en el agua apareció un brote amarillo y todo estalló en canto alrededor
en el segundo año de la guerra mataron al de ciencias los malandrines de historia
si es que fue al cielo-
quizá camine ahora sobre largos rayos vestidos con grises medias con una enorme red y una caja verde alegremente bamboleándose a su espalda
pero si no se fue allá arriba-
cuando en el sendero del bosque encuentro un escarabajo encaramándose a una pelotilla de arena me acerco me cuadro y digo: -buenos días señor profesor permítame ayudarle
lo transporto delicadamente y me quedo mirando un rato hasta que desaparece en la obscura sala de profesores al final del corredor de hojas 1957
De “Informe sobre la ciudad sitiada”. Traducción de Xaverio Ballester Madrid, Ediciones Hiperión, 1993. 2.ª edición, 2008