La piedra es la criatura perfecta
igual a sí misma vigilante de sus fronteras
exactamente repleta de pétreo sentido
con un aroma que a nada recuerda a nadie espanta no despierta codicia
su ardor y frío son justos y están llenos de dignidad
siento su duro reproche cuando la apreso en mi mano y su noble cuerpo absorbe el falso calor
-Las piedras no se dejan domesticar hasta el final nos mirarán con su mirada tranquila clarísima
1961
De “Informe sobre la ciudad sitiada”. Traducción de Xaverio Ballester Madrid, Ediciones Hiperión, 1993. 2.ª edición, 2008