«No, no», decían los dioses, «si ha de haber un ojo, que pertenezca a la montaña.» «No, no», decían los dioses, «si ha de haber una risa, ofrezcámosela al océano para que se anime. ¡La palabra para el pavo, para el cactus, para el arroyo! Y el pensamiento, que de él se adueñe la roca para reconocerse mejor.» «No, no», decían los dioses, «ahorrémonos el error humano.» De “Cuatro testamentos y otros poemas” Versión de Enrique Moreno Castillo