Después de tantos cambios de tiempo, duros se levantaban unos árboles ante un gris mojado, ninguna otra cosa se le ocurría al invierno- ¡nieva!, ¡nieva! Sobre el este y el oeste cae nieve, cubre, iguala, como si, por obra del tiempo, hubiera vencido el socialismo y Mariano Medina, el hombre del tiempo que empuja las nubes, fuera -inmediatamente después del telediario- su profeta.
Bailemos en la nieve, así, mientras siga aquí, dejaremos huellas en el blanco que crepita, huellas que queden, huellas que queden, hasta que -está anunciado- llegue el deshielo, este u oeste, desnudos de nuevo y sin manto, se puedan distinguir.
Bailemos en la nieve.
Versión de Eustaquio Barjau