Me estudio con cuidado en mi menguante cuerpo que es no obstante engañoso como la piel de un gato:
seré, cuando me entierren, más pequeña.
En mi piel se bifurcan las arrugas; como el pelo o las plumas, sobresalen.
Mis nietos, en este salón, inquietos en la sillas del domingo con mi sordera, mi broche de camafeo mi mente arrugada que corre hacia sus viejos escondrijos
intenta imaginar cómo tal vez
vagaré y entraré furtivamente en una cristalina oscuridad por entre estalactitas, con un nuevo plumaje sin correr dorado y Verde fuerte, mis dedos torcidos y escamosos, mi
ópalo sin el brillo de los ojos.
Versión de Lidia Taillefer y Álvaro García Pre-textos/ Poesía 1991