Fue como despertarme después de haber dormido siete años
y encontrarme con una cinta tiesa, de un negro riguroso podrido por la tierra y los torrentes
pero en cambio mi piel se endureció de corteza y raíces como cabellos blancos
Mi heredada cara traje conmigo una aplastada cáscara de huevo entre otros desechos: el plato de loza hecho añicos en el sendero del bosque, el chal de la India destrozado, fragmentos de cartas
y el sol de aquí me ha impreso su bárbaro color
Se me han puesto rígidas las manos, los dedos quebradizos como ramas y los ojos perplejos después de siete años, y casi ciegos/brotes, que sólo ven el viento la boca que se abre y se agrieta como una roca al fuego al intentar decir Qué es esto
(sólo hallas la forma que ya eres, pero qué si has olvidado ya en qué consistía o descubres que nunca lo has sabido)
Versión de Lidia Taillefer y Álvaro García Pre-textos/ Poesía 1991