(Segundo diario: 1840-1871)
Él, que llegó con éxito tras navegar el río peligroso de su venida al mundo, se ha vuelto a ir
a un viaje de descubridor por este territorio en el que yo he vagado sin llegar a tocarlo, a hacerlo mío.
Sus pies se resbalaron de la orilla, y a él se lo llevaron las corrientes; lo arrastró la crecida entre hielos y árboles
y se ha perdido en un lugar lejano, la cabeza como una batisfera; miró con las pequeñas burbujas de sus ojos
como un aventurero temerario por un paisaje más raro que Urano que todos conocemos y que algunos recuerdan.
Fue un accidente; se quedó sin aire y, como un corazón, cayó en el río. El cuerpo, que era seña
de mis planes y mapas del futuro, lo sacaron del fondo con ganchos y con palos entre los troncos que al flotar chocaban.
Era la primavera, el sol aún brillaba y la hierba incipiente ganaba solidez; la claridad alumbraba los surcos de las manos.
Estaba fatigada por las olas de aquel largo viaje. Pisé la tierra firme. Las velas de aquel sueño se vinieron abajo, destrozadas.
En esta tierra él es mi bandera.
Versión de Lidia Taillefer y Álvaro García Pre-textos/ Poesía 1991