Nació en Esmirna, emigró niño con su tío, rabino famoso, en 1949. Cleptómano de profesión y miedoso de condición principal, se pasó la juventud huyendo de calle en calle, de pueblo en ciudad. Se alistó. No hizo mal papel: murió el cuarto día.
Centinela
Soy centinela: espero la primera luz del día para dar la orden de ataque. De pronto creo posible, hoy de que no salga el sol y que la noche se vuelva eternidad eterna.
¿Qué debo hacer? dime, Javé. Porque parece que así va a suceder: -Dime Javé, ¿qué debo hacer? El tiempo está pasando en vano. El horizonte no aparece. -Dime, Abraham ¿qué debo hacer? Ve, las estrellas brillan como nunca, no nace el alba…
Y si gritara ¿y no me oyeran?
Miedo
Todo está llano oscuro solitario solo ¿dónde está el viento? Allí. ¿Qué ruido…? Ninguno y de pronto agudo fino, fino, silbo un tiro el viento murió de miedo. Nadie. ¿Quién va? ¿Quién viene? ¿Quién sale? ¡Madre! ¡Llévame! ¡Nunca te conocí! Por eso estoy aquí. ¡Madre oscura, noche clara llévame a Tel-Aviv! ¿Qué vine a hacer aquí?
Me pesa como plomo lo que perdí. ¡Qué leve el odio! No sirve, quiero algo más profundo, atroz, desconocido, machacándolo todo en ti y reducirte a lodo. ¡Estoy perdido! (en todos los sentidos).
Espejo
He aquí la muerte que a nada se parece. Parece, tú, perece. Estoy frente a la muerte, frente a frente en el frente. ¿La tuya? ¿La mía? ¿A qué se parece? ¿A la noche o al día? ¿Cómo es? ¿Qué color tiene? ¿Negra? ¿Por qué ha de serlo? A lo mejor es igual al desierto, pero mayor. Como la vida misma, pero más grande. Tal vez muerta de miedo viéndose en un espejo, como yo.
Edición de Pascual Mas i Usó Ed. Visor 2008
Jerry Levisohn
Era un sabra¹ larguirucho, pálido, casi albino que cantaba con una voz tan larga como él, bien impostada, no como su figura que, a cada momento, parecía dispuesta a troncharse. Servía en un restorán de los que tiene por buenos, en Jerusalén, para uso de altos funcionarios con visitantes o diplomáticos suramericanos de pocos quehaceres. Muy apreciado por su valor sin fallas saltó sobre una mina ya cerca de Ismailía, el quinto día. ¹Sabra: hijo de emigrantes nacidos en Israel. Figuradamente franco y generoso.
Mi amigo ha muerto con él entierran sus recuerdos. Sus conocidos se acordarán dél pero nadie sabrá lo quél¹ sabía. Han desaparecido él y sus circunstancias y un poco de mí mismo. Con él se va algo que, solo él y yo sabíamos.
Mañana moriré y ya nadie sabrá nada de los que fue. (Cantando) Nacemos muertos. Nadie puede decir: mi amigo Jan fue así: Dios no quiere testigos. Crecen los árboles para morir. Crecen y desaparecen. ¿Para qué, madre? Nadie lo sabe, ¿necesita Dios testigos? Creo que no, mas, ¿para qué vivimos si no? Ser testigos de Dios… ¿O Dios es otro? Para qué? ¿Contra quien?
¹ sic
Canción de orgullo
Estoy de pie frente al mar. Al mar en el que nos querían echar. …Echar a la mar… Estoy firme, de pie, en las manos un fusil. Vigilando un campo donde están apiñados los que nos querían tirar a la mar. Pienso en ti, que no sé quien eres. El mar, a mis pies, muriendo una y otra vez, pronuncia tu nombre.
Edición de Pascual Mas i Usó Ed. Visor 2008