Pibroch

Pibroch

El mar aúlla con su voz vacía tratando por igual vivos y muertos, cansado de la bóveda celeste después de innumerables noches faltas de sueño, de objetivo, de autoengaño.

Como piedra. La piedra es prisionera como ninguna cosa muerta o viva. Universo de ovejas negras. Crece consciente a veces de la mancha roja del sol, soñando que es de Dios el feto.

Sobre la piedra el viento se apresura y sabe penetrar en nada, como la oreja de la piedra ciega misma, que se da vuelta como si sintiese su mente una explosión de direcciones.

Bebiendo el mar, la roca devorando, el árbol lucha por abrirse en hojas: una vieja caída del espacio que desconoce nuestras circunstancias. Sigue asiéndose, enteramente loca.

Minuto tras minuto, evo tras evo, nada se frena ni se desarrolla. Y no es tanteo ni frustrada prueba. Aquí ojiabiertos ángeles penetran. Aquí todos los astros se arrodillan. Versión de Jesús Pardo Antología poética Plaza & Janés, S.A., Editores 1971